La globalidad nos ha alcanzado y no podemos voltear la cara y refugiarnos en nuestro interior. Esos tiempos ya pasaron. Mirada corta, peligrosamente corta la de aquellos que no ven más allá de nuestras fronteras. Las inversiones generadoras de empleo –nacionales o extranjeras- buscan las oportunidades en donde se les presenten. Las fronteras se han ampliado y no podemos contenerlas.
Y en esta reflexión tan necesaria en un año crucial para nuestro país, este 2006 en el que elegiremos a nuestros gobernantes, me atrevo a aventurar: Somos dos los principales culpables, una clase política que no ha estado a la altura de las circunstancias, y una sociedad, sí, nosotros, que no hemos hecho lo que nos corresponde. Permíteme razonarlo.
Nuestra clase política ha transitado de un régimen autoritario, la dictadura perfecta, llegó a llamarlo el renombrado escritor Vargas Llosa, a una partidocracia que sólo se preocupa por conquistar el poder. El poder por el poder mismo, preocupándole muy poco las verdaderas necesidades de la sociedad. Partidos políticos que se han alejado o que siempre han estado alejados de la sociedad; políticos incapaces de generar consensos que permitan llevar a cabo las reformas estructurales que tanto necesitamos: la reforma fiscal, la laboral, la energética, la de seguridad y justicia, la electoral, la del Estado.
Partidos y políticos que no le han querido dar la razón a su contrincante para no ponerle una medalla que pueda perjudicar su lucha por el poder ¿Y nosotros la sociedad qué? Nos invitan al estadio en momentos electorales para que votemos por sus colores y candidatos, pero nos sacan de la gradería cuando empieza el juego. La corrupción es rampante, el Estado de Derecho lamentable, la impunidad alcanza hasta un inaceptable 98% ¿Cómo hemos podido tolerarla? Hemos crecido, sí, pero a un ritmo totalmente insuficiente para generar los empleos que requerimos, los empleos dignos que tanto necesita nuestra población ¿Cómo vamos a crecer si no generamos las condiciones para que nuestro país pueda avanzar a ritmo acelerado?
Pero hablábamos de dos culpables, uno la clase política ¿Y el otro? El otro somos todos nosotros, sí, la sociedad, una sociedad irresponsable, poco participativa, peticionaria, a quien le gusta el papel de víctima. Cierto, estamos cambiando, y de esto dejamos constancia en nuestro actuar en el terremoto de 1985, en la marcha en contra de la inseguridad hace poco menos de dos años, en la manifestación en contra de su Gobernador en la Ciudad de Puebla, pero todo esto no ha sido ni es suficiente. Hemos sido, según nos dice Luis F. Aguilar, una sociedad estado-céntrica, con un gran déficit social, una sociedad que apenas está tomando conciencia de su enorme capacidad; una sociedad que ha logrado redimensionar al Estado, pero que no ha logrado aún ocupar el lugar que le corresponde. Una sociedad que necesita despertar, para despertar a su vez, al México dormido que padecemos.
Somos, permítanme hacer un parangón, como un poderosísimo coche Ferrari, que camina a 20 kms. por hora, pudiendo hacerlo a 200 kms. Un carro que va por una carretera de terracería, con sus llantas bajas, su motor descompuesto, y un conductor que desconoce el rumbo, mientras que nuestros competidores marchan por carreteras pavimentadas, a toda velocidad. Y estos competidores conquistan los mercados mundiales y nuestros propios mercados ¿O no es cierto que cada vez encontramos más productos chinos que desplazan la producción mexicana? Para muestra basta un botón. ¡Disfruta México de tu descanso, que mientras tanto yo avanzo! parecieran decirnos nuestros competidores.
Pero críticas son las que nos sobran, las que tan afectos somos todos los mexicanos. Propuestas son las que nos hacen falta y Sociedad en Movimiento tiene que acompañar las críticas con propuestas.
Veamos pues las propuestas y para esto, sigamos el ejemplo del Ferrari descompuesto.
Lo primero que tenemos que proponer, es que no perdamos lo mucho que hemos conquistado, con enorme esfuerzo, durante muchos años:
Nuestra democracia, que aún cuando frágil e incipiente, nos ha dado una libertad que nunca, nunca, debemos perder. Libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad para emprender, libertad para actuar, libertad que debe estar acompañada de responsabilidad en su ejercicio para no caer en el libertinaje. Nuestro voto, ahora, cuenta. Durante muchos, muchos años, conocimos a nuestros gobernantes varios meses antes de que se realizaran las elecciones, elecciones en las que nadie creía.
Gozamos de estabilidad macroeconómica, una estabilidad que hacía muchos años que no teníamos: inflación bajo control, deuda a niveles muy razonables, riesgo país muy aceptable, equilibrio financiero, reservas que pudieran inclusive parecer excesivas en el Banco de México. Esta macroeconomía constituye los cimientos sobre los cuales podemos construir nuestro progreso económico. Debemos estar alertas de que nadie pretenda golpear estos cimientos en un embate populista cuyo costo sería altísimo. Esas época ya las vivimos en los años 70´s con un costo terrible para le país.
Hemos logrado fortalecer a nuestras instituciones. Aún dentro de su debilidad, tenemos ahora una verdadera división de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Hemos pasado de ese poderosísismo ejecutivo, dueño de vidas y haciendas, en donde sólo su voluntad se acataba, a un sistema en donde el poder se comparte. Nunca, nunca, debemos regresar a ese autoritarismo que debe ser cosa del pasado. El IFE, el Banco de México, y otras instituciones, deben ser orgullo de nuestra democracia y valuarte de nuestra sociedad.
Sería largo enumerar nuestros logros en ese lento caminar que nos ha caracterizado. Logros que debemos defender a capa y espada pues de dilapidarlos, retrocederíamos nueva y peligrosamente a etapas ya superadas. No inventemos nuestro país cada 6 años.
Regresemos, pues a nuestro Ferrari, y veamos cómo podemos aprovecharlo con todo su potencial.
Establezcamos primero las siguientes premisas:
El desarrollo lo debemos hacer de abajo hacia arriba, de lo cercano a lo lejano, de los municipios y regiones al Estado y después al centro y no al revés, como lo hemos pretendido durante tantos años.
La carretera por la cual debe transitar nuestro Ferrari, debe estar pavimentada por las reformas estructurales que tanto requiere el país y a las que nos hemos referido con anterioridad. Transformemos nuestra carretera actual de terracería en una supercarretera de concreto, de cuatro o más carriles, al igual que la tienen muchos de los países contra los que competimos.
Reparemos la primera llanta, la llanta delantera izquierda de nuestro automóvil: El desarrollo económico de la región.
Busquemos la vocación de nuestro municipio o región o induzcámosla. Visión de largo plazo, 20 ó 25 años. Reconozcamos nuestra necesaria inmersión global y nuestra actuación local. Definamos los proyectos que se derivan de esta visión –unos cuantos, pero bien definidos- y vayamos tras ellos. Unamos los esfuerzos del sector empresarial, de los sindicatos, de la academia, de las instituciones financieras nacionales e internacionales, de los actores políticos, de todos los actores políticos involucrados, y actuemos en consecuencia. Unidos, subrayo esta frase, unidos, con gran visión, con organización, y con decisión, alcanzaremos nuestros propósitos. Integremos las cadenas de valor, busquemos la mayor competitividad internacional, pensemos que el principal competidor está afuera de nuestras fronteras y que sólo unidos podemos derrotarlo. Pensemos en grande. La generación del mayor número de empleos dignos a través de más y mejores empresas debe ser nuestro propósito.
Cancún, cuyo espectacular desarrollo se inició hace menos de 40 años, es un buen ejemplo de lo que se puede lograr.
Reparemos la segunda llanta, la llanta delantera derecha de nuestro Ferrari: El desarrollo humano.
Difícil será un desarrollo que no anteponga la persona como fin último de su actividad. Y hablar de la persona es hablar de su educación y de su capacitación. Luchemos, pues, en nuestro municipio, en nuestra región, en nuestro Estado, por un modelo educativo formador de personas con valores y con un proyecto de vida. Un modelo que sirva para igualar las oportunidades de su habitantes. Un modelo que logre integrar la academia con el sector productivo. Un modelo que permita capacitarnos para la vida, durante toda la vida.
Evaluemos la calidad de nuestras escuelas, luchemos porque las escuelas de nuestros hijos sean las mejores, sean éstas públicas o privadas. Hagamos que los padres de familia, el Director de la escuela, los maestros, el Presidente Municipal, y la comunidad en general, exijan resultados, y al mismo tiempo reconozcan los esfuerzos de quienes participan en esta noble tarea: la educación.
Reparemos la tercera llanta, la llanta trasera derecha de nuestro carro: La inseguridad y el estado de derecho
La sociedad organizada, junto con sus autoridades políticas, deben decidirse a erradicar la violencia en su municipio o su región. A erradicar el narcomenudeo y el crimen organizado. A transitar lentamente, pero con paso firme, hacia un pleno estado de derecho. Primero Palermo, como municipio, y después Sicilia, como región, lo lograron. Fueron capaces de erradicar una mafia que se había apoderado durante 100 años, de los espacios políticos, económicos y sociales de esta región. En 1992 la sociedad repudió a la mafia y unidos a sus líderes políticos, lograron lo que parecía imposible. ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?
La inseguridad, la impunidad, la falta de confianza en nuestras instituciones, son enemigos mortales de la inversión y del desarrollo, entendámoslo de una vez por todas ¿Por qué invertir en un municipio en donde priva la inseguridad y la impunidad, en donde no se respeta el estado de derecho, en donde se pone a la empresa todas las trabas posibles para su buen desempeño, cuando hay tantos lugares en el mundo –sí, en el mundo- que compiten por esa misma inversión?
Si por competitividad entendemos nuestra capacidad para atraer y retener inversiones generadoras de empleos dignos, pongamos al estado de derecho como una de las condicionantes fundamentales para alcanzarla.
Reparemos la cuarta y última llanta: La dignificación de la política.
Nosotros, la sociedad, debemos reconocer nuestro papel en el desarrollo del país. Una sociedad cumplidora de sus obligaciones y exigente de sus derechos. Una sociedad que apoye a sus políticos dignos, pero que exija dignidad a aquellos que no la tienen. Una sociedad en donde llegado el caso exija la sanción de quienes traicionan su confianza. Creemos que los políticos deben atender los requerimientos de la sociedad y no la sociedad los apetitos de los políticos, que es ésta la que debe trazar la ruta como dueña que es del país y sus mandatarios seguir sus instrucciones; que debe entenderse que los ciudadanos son eso, ciudadanos en toda la extensión de la palabra y no súbditos de sus gobernantes.
Pues bien, concientes de lo anterior, exijamos a los partidos políticos que seleccionen a sus mejores hombres o mujeres para los puestos de elección y para los cargos ejecutivos. Definamos el perfil de los aspirantes. Cada quien votará por quien en conciencia considere que son los mejores candidatos, pero presionemos para que lleguen al congreso local, a la presidencia municipal, y a la gobernatura las mejores personas, personas dignas de representar a quienes confiaron en ellas.
Y una vez en su puesto, unidos sociedad y dirigentes políticos, con una visión común como la que hemos señalado anteriormente, apoyémoslos con toda nuestra fuerza, concientes de que ellos apoyarán, a su vez, a sus mandantes: la sociedad.
¿Y qué podemos decir del motor de nuestro Ferrari? Este motor es la sociedad y poco podemos agregar a lo que ya hemos dicho. Una sociedad participativa conocedora y cumplidora de sus obligaciones, pero conocedora también y exigente de sus derechos. Una sociedad que de acuerdo a lo descrito debe participar activamente en el desarrollo económico y humano de su región y en la dignificación de la política y de sus políticos. Una sociedad que crea en sí misma. Una sociedad que nunca vuelva a ser sólo peticionaria e irresponsable, que le guste el papel de víctima, en vez de el de forjadora de su futuro. Reconozcamos de una vez por todas que nadie hará por nosotros lo que nosotros no estemos dispuestos a hacer por nosotros mismos.
¿Y el piloto de nuestro Ferrari en donde ha quedado? Este es la clase política, esa clase política a la que nos hemos referido extensamente en el curso de esta charla. Digna como la que más, sensible a los requerimientos de la sociedad. Confiable, congruente, comprometida y capaz, las 4c`s que hemos exigido a nuestros futuros gobernantes. El Presidente Municipal, el ayuntamiento, el Gobernador ¡Que grande y bella es su responsabilidad! ¡Que dolorosa es su traición!
Este Ferrari ahora podrá caminar a toda velocidad por su carretera pavimentada. Rebasará a todos aquellos municipios o regiones que continúen dormidos. Un buen piloto, con un buen motor y las cuatro llantas en buenas condiciones. Nadie podrá detenerlo. La sociedad ha despertado a su municipio ha despertado a su región, ha despertado a su Estado, y su despertar, tarde o temprano, despertará a ese gigante dormido que es nuestro país.
Muchos municipios, muchas regiones, sin duda, permanecerán callados a esta llamada -¿la última llamada para subirse al tren del desarrollo?- raro sería lo contrario; pero sólo se necesitan unos cuantos líderes políticos y sociales, líderes capaces de organizarse y emprender el camino, para que ellos sean el ejemplo que mueva y conmueva a nuestro País.
Esta es la oferta de Sociedad en Movimiento. Una visión de país, una visión de política, una visión de sociedad.
Queremos, en Sociedad en Movimiento, soñar con el país que todos queremos: Un país en donde nuestra democracia preserve lo ya logrado pero conquiste lo que le falta, JUSTICIA Y PROGRESO. Una democracia en donde la sociedad sea protagónica de su futuro. Una sociedad capaz de proponer, evaluar, exigir y apoyar. Una sociedad que trace rumbo y se incruste en la democracia participativa y en donde junto con la clase política logre alcanzar todo el potencial que hasta ahora ha desperdiciado.
¿Qué sigue después del 2 de julio? Aquí la hemos expuesto. Hemos logrado mucho, pero todos estos logros no son sino el fin del principio. El mayor logro que podemos haber alcanzado es el de llevar adelante una sola reforma, la más importante, la más trascendente.
LA REFORMA DE ACTITUDES en donde nadie puede esperar que otros hagan por nosotros lo que nosotros estamos obligados a hacer por nosotros mismos. Si hemos avanzado en esto, damos por bueno el enorme esfuerzo que todos hemos hecho durante estos 15 meses de vida de Sociedad en Movimiento.
Lo bueno está por venir.
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