Gracias a mi amigo Alberto Simón Ramos y a los demás organizadores de este evento conmemorativo del 13avo aniversario de Alianza Indígena Mexicana A. C., empresa que se han empeñado en promover a pesar de los múltiples obstáculos que han enfrentado. Ustedes, con esto, dan un ejemplo de esfuerzo, creatividad e imaginación, para superar el rezago económico en beneficio de sus comunidades indígenas ¡Felicidades!
En mi calidad de Presidente de Sociedad en Movimiento, quisiera llamarlos a ustedes y a todos los indígenas, nuestros hermanos mayores. Me atrevo a hacerlo, porque ustedes son quienes primero, desde hace más de 3000 años, ocuparon el territorio que ahora es nuestra queridísima patria. Nosotros, los mestizos, llevamos orgullosamente la sangre indígena que ustedes nos han heredado.
En Sociedad en Movimiento - organización a cuyo consejo pertenece una rica representación indígena junto con la sindical, empresarial, académica, padres de familia, personas con discapacidad, y muchas otras organizaciones de la sociedad civil-, nos hemos atrevido a soñar, sí a soñar, en un México renovado en donde todos juntos, Unidos en lo Esencial, logremos abatir la pobreza y desterrar la miseria; logremos justicia para todos y para todo; conquistemos una educación de calidad que nos permita reducir la insultante desigualdad que padecemos en nuestro país; preservemos la libertad que con tanto esfuerzo hemos conquistado; y logremos la dignificación de la política para que ésta esté al servicio de la sociedad y de la persona y no a favor de intereses bastardos centrados en la conquista del poder por el poder mismo. Nos hemos puesto un plazo de 15 años para lograrlo y creemos que juntos, Unidos en lo Esencial, este sueño lo transformaremos en una realidad.
¿Soñadores en busca de una utopía? Posiblemente, pero en este mundo cada vez más carente de valores, necesitamos recuperar la ilusión por la utopía. Al finalizar nuestro recorrido y llegar a rendir cuentas al Señor, no nos presentaremos con las manos vacías, pues habremos sido protagonistas y no sólo espectadores de la historia.
Permítanme compartir el sueño que hemos concebido junto con ustedes en Sociedad en Movimiento, ahora aplicado a los indígenas, a los presentes y a los ausentes, a esa comunidad de mexicanos que supera los 10 millones de compatriotas y que quisiéramos verla unida, Unida en lo Esencial, defendiendo sus legítimos intereses y también los de la sociedad mexicana a la que pertenecen, porque el progreso de ustedes, a través de la cultura de su esfuerzo y de la solidaridad de la sociedad, será clave para el progreso del país.
Soñemos, soñemos juntos por lograr un desarrollo integral y sustentable en donde los indígenas ocupen un espacio privilegiado, para poder pagar así la enorme deuda histórica que los mexicanos tenemos con ustedes. Es en las comunidades indígenas en donde se encuentra el mayor índice de marginación, de desnutrición y de analfabetismo. Son las comunidades indígenas las que han sufrido la más severa e injusta de las discriminaciones. Son ustedes, las comunidades indígenas en donde se presenta el más bajo índice de desarrollo humano. Y lo primero que tenemos que hacer es reconocer y hacer visible esta intolerable injusticia.
Soñemos por lograr un desarrollo económico incluyente, subrayo incluyente, pues ustedes, amigos indígenas, son parte de esa pobreza insultante que todavía padece cerca del 40% de la población y de esa miseria que aún sufre uno de cada 5 mexicanos, a pesar de los avances que ha logrado nuestro país en esta materia. Ustedes, los indígenas, y particularmente la mujer indígena, son los pobres entre los pobres y los que menos oportunidades de desarrollo han tenido históricamente. Esta lucha pacífica, creadora, contra la pobreza y la desigualdad, la terrible desigualdad que afronta nuestro país, es algo en lo que todos podemos y debemos participar. No para dar la limosna y dar el pescado, que ofende la dignidad, sino para enseñar a pescar e impulsar a que cada quien sea el arquitecto de su propio destino, pues el ataque mas efectivo a la pobreza es el que se logra a través del esfuerzo decidido y creativo de los mismos pobres; a través de la cultura del esfuerzo y no de la dádiva; a través de crear riqueza y distribuirla equitativamente.
Soñemos que a través de la explotación racional de sus recursos naturales, a través de su creatividad y laboriosidad, a través del turismo ecológico, a través del desarrollo de la silvicultura, a través de sus hermosísimas artesanías, y muchas otras cosas más enmarcadas en el desarrollo regional, puedan ustedes crear riqueza y generar oportunidades que limiten la migración de su gente a tierras extrañas con las consecuencias propias del desgarramiento familiar y la caída en enfermedades y costumbres ajenas a su cultura. Ustedes son capaces de ello, hay ejemplos que lo demuestran y de los cuales pueden sentirse orgullosos.
Para nosotros, en Sociedad en Movimiento, la persona es el centro de atención de la economía y de la política y es por eso que luchamos por que se imparta educación de calidad a todos los mexicanos. Soñemos que esa educación alcanza a las comunidades indígenas, pues es a través del conocimiento, en este mundo actual y globalizado, la forma en que se pueden alcanzar las mejores oportunidades y acceder a mayores niveles de desarrollo y es a través de la educación como pueden realizarse plenamente como seres humanos. Ustedes no pueden ser objeto de discriminación alguna y dentro de la educación, tienen derecho a no sufrir la asimilación forzada ni la destrucción de su cultura. Soñemos que logran ustedes compaginar la modernidad de un mundo nuevo con sus impresionantes avances tecnológicos –pongo como ejemplo el uso del Internet- con la preservación y expresión de su cultura milenaria plena de sabiduría; con el derecho a mantener y fortalecer su propia relación espiritual con sus tierras y con sus aguas; con el derecho a patentar y proteger su propiedad intelectual. ¡Que los poderosos no les roben sus conocimientos ancestrales sino que ustedes los aprovechen en beneficio de sus comunidades! Por ello hay que trabajar en este México multicultural y plurilingüe en donde las relaciones deben basarse en el respeto mutuo en posición de igualdad entre las partes.
Ustedes los indígenas, junto con el resto de los mexicanos, deben tener acceso y participar, sin discriminación alguna, en el desarrollo de los programas de salud y de nutrición, condición indispensable para el desarrollo; y también tienen derecho a consumir y explotar racionalmente sus propias medicinas tradicionales y a mantener sus prácticas de salud, sin despreciar por esto los avances extraordinarios de la ciencia médica. La capacitación de la propia población indígena para promover alimentación nutritiva con los productos de la región y programas de prevención de la salud, es algo que ustedes pueden hacer con excelencia y que les rendirá grandes frutos.
Soñemos en lo que podemos hacer en Sociedad en Movimiento de la que ustedes forman parte, en contra de las adicciones, de las drogas y del alcoholismo y creemos que esto es válido para poblaciones indígenas o no indígenas, pues es un azote de toda la humanidad. Esta es una lucha que juntos podemos darla mejor y ponemos a su disposición todo nuestro potencial en esta materia.
Nos revela la injusticia y la horrible impunidad que padecemos, la violencia y el uso de la fuerza. Generalmente son los menos favorecidos quienes se encuentran en las cárceles esperando por años el resultado de un juicio que no llega o que se corrompe en el camino. Nosotros vemos la injusticia de que ustedes son objeto cuando no se pueden dar a entender en su propia lengua ante los tribunales; o cuando contemplamos a políticos rapaces que pasean por las calles, mientras indígenas que toman algo para saciar su hambre están por años en la cárcel. Padecí en su momento la horrible matanza de Acteal, en Chiapas, pues había estado unos días antes compartiendo el pan y la sal con los indígenas de esas tierras.
¡No a la violencia, venga de donde venga!¡No a la violencia intrafamiliar! ¡No a las luchas fratricidas por causa de conflictos religiosos! ¡No al abuso del poderoso sobre el débil y del hombre sobre la mujer! Dicen, los que de esto saben, que la medida de una civilización está en la forma en que se trata a la mujer.
Nosotros, en Sociedad en Movimiento, respetamos a todas las religiones sin inclinarnos por una o por la otra, y decimos que lo que nos une a los católicos y a los protestantes y a los judíos y a los budistas y a los... es el amor. Aquí, en el amor a nuestros semejantes es en donde encontramos el refugio común de las personas bien nacidas. Todos tenemos derecho a la felicidad, y creo que ésta se encuentra cuando disfrutamos profundamente del trabajo que hacemos, amamos a la mujer y a la familia con la que convivimos, respetamos el entorno en el que nos desenvolvemos, queremos al país en el que habitamos y amamos al Dios en el que creemos; y el amor también significa solidaridad, esa solidaridad entre los mexicanos que tenemos que fortalecer, y que no es otra cosa sino el apoyo de los más afortunados a los más necesitados, sin esperar nada a cambio. El amor es, finalmente, el tesoro más valioso que tenemos, pero a veces está profundamente oculto en nuestros propios corazones.
Hasta hace unos cuantos años, allá en las tierras chiapanecas, el blanco caminaba por las banquetas y el indígena era obligado a transitar por la calle ¡Esa discriminación se acabó para nunca más volver! Nunca, el ser humano puede ser discriminado por el color de su piel o por su raza o por sus creencias. Dios nos hizo a todos los hombres y mujeres iguales, todos somos hijos de Dios. Y la mujer, también en la cultura indígena, en la mestiza o en la criolla, merece el mayor de los respetos, ese es el pensamiento de Sociedad en Movimiento.
Y creemos nosotros que la libertad es un don preciado que nunca debemos perder. Don Quijote, aquel personaje legendario que cabalgaba por las tierras de Castilla en la imaginación de Miguel de Cervantes y Saavedra, le decía a su escudero Sancho Panza
Sancho, la libertad es el don más preciado que podemos tener; incluso más preciado que los tesoros que pueden cobijar el cielo y la tierra. Por la libertad y la honra podemos y debemos perder la vida para defenderlas.
Y esa libertad que con tanto esfuerzo hemos conquistado los mexicanos debemos preservarla. Libertad de pensamiento, libertad para transitar por todo nuestro territorio, libertad para emprender, libertad de expresión, libertad, sí, pero con la responsabilidad que trae aparejada. Y los pueblos indígenas tienen pleno derecho a gozar, al igual que todos los mexicanos, de esa preciada libertad. Y dentro de esa libertad está la libertad de asociación en donde la unidad hace la fuerza. Y las diversas etnias y pueblos indígenas pueden unir sus esfuerzos para facilitar su desarrollo integral, dar mayor peso a sus demandas y lograr su pleno reconocimiento y la defensa a sus derechos humanos tan legítimos como los del más prominente de los mexicanos.
Ustedes, los indígenas, estoy convencido, aman a su tierra y a sus árboles y a su aire y a sus flores y a sus animales. Aman la naturaleza y la respetan. Siempre me viene a la memoria aquel maravilloso discurso del Jefe Seattle, el Gran Jefe de la tribu del los Demawish, como respuesta a la petición del Presidente de los Estados Unidos en el año de 1855. Un discurso de enorme sabiduría y prudencia. El discurso del líder de un pueblo que, como todos los indios, se consideraba una parte de la naturaleza, la respetaba y la veneraba, y desde generaciones vivía con ella en armonía. Cuando el Presidente de los Estados Unidos les propuso que vendiesen sus tierras a los colonos blancos y que ellos se fuesen a un lugar reservado para los indios no lo entendieron ¿Como se podía comprar y vender la Tierra? A su parecer el hombre no puede poseer la Tierra, así como tampoco puede ser dueño del Cielo, del frescor del aire, del brillo del agua. "Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen", dijo el Gran Jefe Seattle. Su pueblo no ha sobrevivido, sus palabras no se escucharon. ¿Escucharemos ahora? ¿Sobreviviremos?
Queridos amigos indígenas
México sin duda ha avanzado en todos los aspectos que antes hemos mencionado, pero no podemos estar satisfechos, pues el tramo a recorrer aún es enorme.
Los invito a que transformemos nuestros sueños en realidades, sin prisa pero sin pausa, a través de la cultura del esfuerzo, de un esfuerzo solidario. Que cada día seamos mejores y avancemos, Unidos en lo Esencial, sin importar nuestra raza o el color de nuestra piel, ni las creencias religiosas, ni nuestras preferencias políticas, en la conquista de nuestras utopías, pues en otra forma sólo seríamos soñadores. Que logren ustedes sintetizar la modernidad con sus enormes avances tecnológicos -de los cuales no pueden sustraerse-, con sus tradiciones indígenas y su cultura milenaria, dando así una enorme aportación humanista a nuestra civilización. Juntos podremos impulsar a nuestra patria a los niveles de desarrollo que le permite su enorme potencial, concientes de que el progreso de ustedes será el progreso incluyente del país
Esperamos que Chichen Itzá, ahora clasificada como una de las maravillas del mundo, signifique no sólo lo que la civilización indígena fue capaza de realizar hace un milenio, sino el símbolo de una nueva actitud a través de la cual ustedes se sientan dignos como el que más, respetables como el que más, y, sobre todo, capaces de conquistar la felicidad a la que tienen derecho a través de la cultura del esfuerzo. Ese cambio de actitud será la piedra angular sobre la que se apoyará su propio desarrollo, su desarrollo integral dentro de su cosmovisión. Ustedes son capaces de eso y más.
Nosotros, en Sociedad en Movimiento, nos sentiríamos orgullosos y honrados en acompañarlos en esta lucha pacífica y renovadora, verdaderamente apasionante, aportando nuestra vertebración social y nuestro conocimiento y enriqueciéndonos con el de ustedes. México es multicultural, esa es su riqueza, y con respeto y amor a esa riqueza trabajaremos, juntos, hombro con hombro, para alcanzar, dentro de nuestra democracia participativa, el progreso integral e incluyente, la justicia para todos y para todo, la dignificación de la política, y la preservación de nuestra libertad, siempre Unidos en lo Esencial. También nosotros somos capaces de eso y más.
Muchas gracias por su atención.
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