Tropecé de nuevo y con la misma piedra

¿Han escuchado la canción de Alicia Villarreal en la que dice que tropezó de nuevo y con la misma piedra? Pues quiero confesarles que es el himno de mi vida. No sé por qué no aprendo con cada experiencia mala que tengo en el amor, siempre termino con el corazón roto y sabiendo que la culpa fue mía, por no aceptar mi realidad. Pero bien dice un dicho: nadie aprende en cabeza ajena. Así que por más consejos que me diera mi familia o amigos, hacía lo que mi corazón dictaba, incluso desechaba a la razón apagando mi cerebro, es decir, actuaba por impulso.

La realidad es que me enamoro muy rápido, o creo estarlo por el simple hecho de que una mujer me habló bonito, cuando la realidad es que la gran mayoría de veces que se me acercaron chicas muy guapas en la Universidad era para pedirme favores o algo tan simple como la tarea, la cual les pasaba, me era imposible negarles algo. Después intentaba hacer mi lucha, conquistarlas aunque supiera que estaba fuera de mi liga. Algunas me rechazaban tajantemente aplicando el ‘te quiero como amigo’, ya saben, para que uno siga ahí, intentando, con una llama de esperanza. Te seguirán hablando bonito, teniendo algún gesto coqueto, pero no, jamás te aceptarán como novio.

Otras me daban largas, algo así como decirme que creían que sentían algo por mí pero que no estaban seguras de tener algo serio, pero que podíamos seguir siendo amigos para conocernos mejor y quizá en un futuro muy, muy lejano, podríamos ser pareja. Es básicamente lo mismo que antes, pero con más mentiras, pues en verdad ilusionan y a la mera hora todo se resumirá en un rotundo no.

Bueno, la verdad es que después de haber pasado por este tipo de mujeres y darme cuenta de su modus operandi, volví a caer en las garras de una de estas chicas. Todo pasó en mi trabajo, cuando vi a una chica muy guapa, que trabajaba en otra área, muy estresada, aventando sus cosas y farfullando no sé cuántas groserías. Así que me le acerqué con la intención de ayudarla, pero la realidad es que quería quedar bien para que me notara y quizá poder iniciar la conquista. ¡Alerta! Gritaba mi cerebro, pues iba a dar pie a iniciar una relación como con las otras chicas, pero apagué la alarma de mi cerebro y seguí con mi plan. Le ofrecí mi ayuda, ella se negó, insistí al grado que la aparte con delicadeza del teclado y comencé a terminar su trabajo, ya no le faltaba mucho. Ella sonrió y de ahí en adelante platicamos más seguido. Sí, ella va a mi escritorio, me dice que cómo me fue, cómo dormí, unas tres o cuatro preguntas antes de pedir el favor que necesita. Claro que no me negué, siempre fui muy servicial. El resto de la historia ya lo sabrán.

Después me enteré que el día que la vi estresada y enojada era porque su novio la había engañado, lo cachó besándose con otra a las afueras de uno de los hoteles de Reforma, y para colmo, lo perdonó dos semanas después, aun cuando coquetea conmigo. Así que tropecé de nuevo, y de nuevo, y de nuevo con la misma piedra.